La protuberancia roja del eclipse de 2026: ¿estaba viendo H-alfa?

Por mucho que sepa de astronomía, haya leído, investigado o visto fotos... experimentar por primera vez un eclipse total de Sol te deja con la boca abierta. No hay preparación posible para lo que vas a ver.

En el último eclipse total de Sol que tuvimos el 12 de agosto aquí en España (abre en una pestaña nueva), una de las cosas que más me sorprendió fue ver una protuberancia solar de color rojo en la zona izquierda del Sol durante la fase de totalidad.

Ese rojo intenso, de tonalidad tirando a magenta, contrastaba con el negro del disco lunar y el blanco de la corona solar. Parecía una película de ciencia ficción o fantasía, un fenómeno irreal, como de otro mundo.

Durante la totalidad no fui consciente de ello, pero a las pocas horas me di cuenta de que había observado de manera directa, sin ayuda de ningún tipo de instrumento, una protuberancia solar que antes solo había visto en fotografías o con telescopios solares dedicados.

¿Era realmente H-alfa lo que estaba viendo?

Una protuberancia solar (abre en una pestaña nueva) es una gran estructura de plasma relativamente frío y denso que levita sobre la superficie solar por campos magnéticos. Una protuberancia emite en diferentes longitudes de onda, pero una de las más intensas es H-alfa (656,28 nm), en la zona del rojo. Así que sí, buena parte de aquel rojo era emisión H-alfa.

¿Por qué me sorprende haber visto emisión en H-alfa?

En el universo, H-alfa está por doquier, sobre todo en las nebulosas de emisión. Es responsable de buena parte del color rojo habitual que vemos en fotografías de objetos como la Nebulosa del Águila (M16), la Nebulosa del Cisne (M17), el complejo nebular de Sadr o muchas otras regiones de formación estelar.

Sin embargo, en la observación visual de las nebulosas de emisión de nuestra galaxia, estos objetos se muestran grises, con una total ausencia de color, muy alejados de lo que esperaríamos y, también hay que decirlo, dejándonos decepcionados.

Como comentaba en Los colores en la observación visual, la clave de esta respuesta es biológica y está en los dos tipos de visión del ser humano: fotópica (diurna, cuando hay mucha luz) y escotópica (nocturna, cuando hay poca luz). Cada tipo de visión es responsabilidad de una célula diferente de la retina: conos durante el día y bastones durante la noche.

Conos y bastones tienen diferente respuesta a la intensidad de la luz recibida:

Conos y bastones también tienen una diferencia crucial... solo los conos nos dan información del color, porque existen tres tipos de conos que permiten al cerebro interpretar el color.

Así que, primer misterio resuelto: por la noche, aun con la ayuda que nos proporcionan los telescopios, no llegamos a percibir color en las nebulosas de emisión porque no se activan los conos, responsables de darnos la información de color, y por eso las vemos grises.

Pero hay algo más... por la noche no somos capaces de ver la emisión de H-alfa. De hecho, no hay filtros H-alfa para la observación visual de cielo profundo, solo para astrofotografía.

¿Por qué no vemos H-alfa en las nebulosas?

La respuesta es que, además de las diferencias entre conos y bastones que ya he comentado, cada célula tiene una curva de sensibilidad diferente. Las funciones normalizadas de eficiencia luminosa de la CIE muestran la sensibilidad visual fotópica, V(λ), y escotópica, V′(λ).

Sensibilidad visual fotópica y escotópica entre 380 y 700 nanómetros La curva escotópica alcanza su máximo cerca de 507 nanómetros y cae casi a cero en H-alfa, a 656,3 nanómetros. H-beta y oxígeno tres, cerca de 500 nanómetros, quedan próximos a su máximo. 0 0,25 0,50 0,75 1 380 500 600 700 nm Longitud de onda Sensibilidad relativa Fotópica V(λ), conos Escotópica V′(λ), bastones O III
Funciones normalizadas de eficiencia luminosa fotópica y escotópica. Curvas elaboradas a partir de las tablas oficiales de la CIE para visión fotópica (abre en una pestaña nueva) y visión escotópica (abre en una pestaña nueva), publicadas a intervalos de 1 nm.
Línea λ Sensibilidad fotópica Sensibilidad escotópica Escotópica respecto a H-alfa
H-beta 486,1 nm 0,176 0,862 ≈ 2.030×
O III 500,7 nm 0,338 0,986 ≈ 2.320×
H-alfa 656,3 nm 0,077 0,000425

En la visión escotópica (nocturna), la comparación es brutal: la radiación de aproximadamente 500 nm cae prácticamente donde nuestros bastones tienen su máxima sensibilidad, mientras que a 656 nm estamos ya en la cola extrema de la respuesta. La sensibilidad escotópica relativa es unas 2.000–2.300 veces mayor en H-beta y O III que en H-alfa según la función estándar CIE. Es decir... somos virtualmente ciegos a H-alfa en visión escotópica.

Entonces, ¿qué vemos al observar nebulosas?

H-alfa prácticamente no (una lástima). Vemos fundamentalmente H-beta y O III, dependiendo del tipo de nebulosa, y para esos sí tenemos filtros para la observación visual.

Basta pensar en objetos como el Velo Este, donde un filtro O III puede resultar espectacular. Tenemos la suerte de que estas emisiones también caen en la zona donde los bastones son más sensibles. Además, en las nebulosas de hidrógeno ionizado, la emisión H-alfa suele ir acompañada también de H-beta en una proporción variable y por eso somos capaces de verlas, al menos, en blanco y negro.

¿Por qué sí pude ver la protuberancia roja?

Volviendo al Sol y al eclipse total, ya tenemos todas las claves. Vimos la protuberancia roja porque su luz era suficientemente intensa para activar nuestros conos y permitir a nuestro cerebro interpretar su color como rojo. Al estar el Sol totalmente eclipsado, la Luna había hecho desaparecer la deslumbrante fotosfera, permitiendo que la protuberancia destacase junto al disco lunar negro.

¿Cómo funcionan los telescopios solares H-alfa?

De forma similar funcionan los telescopios solares dedicados a H-alfa. El Sol irradia tal cantidad de luz que, incluso después de filtrar prácticamente todo el espectro y dejar pasar solo una banda extremadamente estrecha alrededor de H-alfa, sigue llegando luz suficiente a nuestros ojos para verla. Al eliminar el resto de la luz, además, el contraste de las estructuras de la cromosfera se vuelve espectacular.

De hecho, el Observatorio de Yebes retransmitió este mismo eclipse utilizando un telescopio con filtro H-alfa, en cuyas imágenes pueden verse las protuberancias durante la totalidad (abre en una pestaña nueva).

En fin, estas son las divagaciones de un astrónomo aficionado que no se contentó solo con disfrutar del eclipse, sino que no para de darle vueltas a lo que vio.